| El
proceso de integración de los países andinos,
tal como se le ha conocido hasta la fecha, está llegando
a su final.
El
anunciado ingreso “pleno” de Venezuela al Mercosur
y la firma del Tratado de Libre Comercio por parte de Colombia
con EEUU, han dado un golpe de gracia a la experiencia integracionista
andina.
Las
dos principales economías andinas -Colombia y Venezuela-
optaron por vías contrapuestas, dejando sin piso
político las posibilidades de avanzar hacia niveles
de mayor integración económica que oxigenaran
a la Comunidad Andina de Naciones CAN. La teoría
en materia de integración dice que tras la apertura
de los mercados, el siguiente paso sería la vigencia
de una estructura arancelaria común ante terceros
países.
Esta
etapa pareciera que quedó suspendida hasta nuevo
aviso, en lo que corresponde a los socios de la CAN.
Aún
no se han definido los términos en los cuales Venezuela
ingresaría al Mercosur. En los próximos meses,
según voceros sureños, se adelantarían
las negociaciones para acordar las reglas y plazos con los
cuales Venezuela asumiría los compromisos que implican
su presencia en Mercosur.
A
su vez, la entrada en vigor del TLC ColombiaEEUU está
en espera de un largo trayecto. Debe ser aprobado por el
parlamento colombiano electo semanas atrás y que
aún no se posesiona. Se ignora cuándo el gobierno
colombiano lo someterá a consideración parlamentaria.
Además, se requiere la aprobación del Congreso
de EEUU. Diversos analistas estiman que la Casa Blanca esperará
hasta después de las elecciones parlamentarias de
octubre, para someter a consideración el TLC. En
suma, la aprobación y puesta en vigencia del TLC
puede durar más de un año. Este horizonte,
por cierto, coloca a Colombia (junto a Perú, Ecuador
y Bolivia) en la difícil situación de quedar
el próximo 31 de diciembre sin una legislación
que ampare el ingreso de sus productos a EEUU sin aranceles.
La
espera por la fuga de Venezuela hacia el sur, y de la consolidación
de las relaciones colombianas con EEUU, pareciera que darán
dos años de tregua para que Bogotá y Caracas
alcancen algún modus vivendi que mantenga el comercio
bilateral, quizás en un ambiente de crecientes restricciones
para-arancelarias.
Las
cifras del intercambio comercial entre Venezuela y Colombia
no han dejado de crecer en los últimos trimestres.
Según estimaciones difundidas esta semana por la
Cámara Colombo Venezolana, el comercio bilateral
alcanzará a US$ 3.755 millones en 2006, con un incremento
del 17% en las ventas colombianas y 6% en las venezolanas.
Del total negociado, el 65% correspondería a productos
colombianos, lo cual explicaría el especial cuidado
con el cual Bogotá cuida las relaciones con su cliente
vecino, en espera de la apertura del mercado del norte.
Por
su parte, la posición del actual gobierno venezolano,
seguramente, estará fuertemente condicionada por
su evaluación política coyuntural, sobre el
papel que Uribe pueda jugar regionalmente en su segundo
mandato.
Diversos analistas estiman que la Casa Blanca esperará
hasta después de las elecciones parlamentarias de
octubre, para someter a consideración el TLC
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