| Amparándose
en un aparente modus vivendi de no agresión alcanzado
con Caracas, el presidente Álvaro Uribe ha podido
mantener el grueso de su esfuerzo bélico en la frontera
sur. Las fuerzas militares colombianas están combatiendo
contra las Farc en santuarios históricos de esa organización
en los linderos con Ecuador, originándose tensiones
entre Bogotá y Quito.
El
gobierno ecuatoriano denunció, a principios de semana,
la violación de su espacio aéreo por parte
de aeronaves militares colombianas, supuestamente acontecida
el pasado domingo 12 de marzo. Ya mediando la semana, los
directores de Inteligencia del Comando Conjunto de las Fuerzas
Armadas del Ecuador y de las Fuerzas Militares de Colombia,
sostuvieron un encuentro en el cual los ecuatorianos habrían
entregado pruebas de sus denuncias. La detección
de las aeronaves habría sido producto del monitoreo,
mediante equipos de radar ecuatorianos recientemente emplazados
hacia la zona de la frontera como respuesta a los reiterados
casos de este tipo.
La
realización de una reunión bilateral a nivel
operativo militar, evidencia que están funcionando
mecanismos para evitar que los incidentes escalen hasta
el nivel de crisis diplomática.
Como
se recordará, a principios de febrero ante un caso
similar, Quito llamó a su embajador en Bogotá,
y tras un cruce de notas diplomáticas, Uribe se vio
en la penosa obligación de ofrecer disculpas a Ecuador
y reconocer el ingreso de naves colombianas aunque calificándolo
de “involuntario”.
El
potencial conflicto entre militares de ambos países
se ha convertido en tema de preocupación internacional.
Con el apoyo de una fundación europea se estaría
organizando un evento a cumplirse en Colombia, donde conversarán
altos mandos de los respectivos ministerios de defensa,
sobre mecanismos para fortalecer la “confianza mutua”.
La
frontera ecuatoriana se ha convertido no sólo en
zona de alivio de las FARC, sino en teatro de guerra, como
consecuencia de la presión militar sobre el Putumayo,
la actual campaña de la guerrilla contra instalaciones
militares, y reacciones gubernamentales como la polémica
operación de erradicación de coca en la Sierra
de La Macarena.
Desde
la llegada de Alfredo Palacio a la Presidencia ecuatoriana,
se dio un viraje en el enfoque hacia el conflicto colombiano.
Ecuador logró de Uribe un compromiso para evitar
fumigaciones con glifosato en una franja fronteriza.
Oficialmente,
además, Ecuador no apoya el Plan Colombia y, los
militares de Ecuador han querido reforzar su posición
en la frontera, rechazando lo que consideraron como una
postura complaciente del derrocado expresidente Lucio Gutiérrez
ante Bogotá.
Aparte
de la concentración de fuerzas guerrilleras extranjeras
en su territorio, los actuales conflictos en las zonas petroleras
ecuatorianas de Orellana y Sucumbios -versión aumentada
del paro de agosto del 2005-, hacen prender alertas sobre
la extensión de la guerra colombiana a territorio
de Ecuador, en paralelo con el alzamiento indígena
en las tierras altas.
... una reunión bilateral a nivel operativo militar,
evidencia que están funcionando mecanismos para evitar
que los incidentes escalen hasta el nivel de crisis diplomática
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