| El
sábado 22 de abril, Venezuela dejó de pertenecer
a la Comunidad Andina de Naciones. Ya es un hecho consumado
en espera sólo de trámites formales. Salvo
los compromisos de tipo comercial, relacionados con los
aranceles aplicables en el intercambio de bienes en los
próximos cinco años, todos los acuerdos temáticos
han quedado legalmente sin efecto. Incluyendo la jurisdicción
del Tribunal Andino sobre Venezuela. La carta mediante la
cual el Canciller venezolano denunció el Acuerdo
de Cartagena, no contiene razonamientos comerciales sino
políticos, acordes al rechazo de Caracas al libre
comercio propiciado por Washington.
Curiosamente,
los empresarios y el Gobierno colombiano entraron en pánico
ante la concreción de la tantas veces anunciada salida
de Venezuela de la CAN. Pese a que desde mediados del año
2005 ya era evidente que la “normalidad” comercial
se había roto cuando Caracas cerró las fronteras
en la llamada “Crisis Granda”. Desde entonces,
las reglas comerciales se mantuvieron con base en los pactos
no escritos pero bien anunciados por los presidentes Chávez
y Uribe, en los cuales “cooperación policial”
y comercio fueron los “activos” negociados.
Caracas asegura que por ahora el intercambio con Colombia,
Perú y Ecuador no será afectado. La continuidad
en los planes de construcción del gasoducto transguajiro
y la compra por el Gobierno venezolano de la empresa Monómeros
en Colombia, señalan que no hay ruptura comercial
inminente entre los dos países, ratificándose
a la vez, que la salida de Venezuela de la CAN responde
a razones políticas y no a asuntos “comerciales”
o coyunturales.
El
eje Caracas-La Habana está utilizando la alta capacidad
de compra venezolana como arma política en su juego
de alianzas regionales. De hecho, la salida de la CAN es
en sí misma una presión punitiva de Caracas
sobre sus vecinos buscando abortar los Tratados de Libre
Comercio con EEUU. Ahora, en los prolegómenos de
las negociaciones para su ingreso al Mercosur, Chávez
también está exigiendo cambios en el perfil
político de ese grupo, incluso la expulsión
de aquel socio que negocie con EEUU.
El
martes 25, el presidente Evo Morales anunció viaje
a La Habana para suscribir un tratado trilateral con Cuba
y Venezuela. Desde São Paulo, Chávez habló
de la firma del impreciso Alba, pero su socio boliviano
se adelantó a describir el contenido del acuerdo.
Se trata de un típico Tratado de Libre Comercio,
el cual los firmantes no lo denominarán TLC sino
TCP, Tratado Comercial de los Pueblos. El rimbombante título
cobijará un régimen de cero aranceles para
el comercio entre los tres países, que abrirá
el mercado venezolano a bienes producidos o triangulados
desde Cuba y Bolivia. La hoja de coca entraría entre
estos productos.
Chávez
sacó a Venezuela de la CAN y está enredando
su ingreso al Mercosur, mientras crea un pacto comercial
paralelo. Cuba, que fuera antes rechazada por su condición
no democrática, ahora tendrá su propio TLC
para entrar por la puerta de atrás al Mercosur.
|