| La
operación militar “Tormenta del desierto”
(Storm Desert) o Guerra del Golfo, llevada a cabo por las
Fuerzas Armadas de los Estados Unidos de Norteamérica
y sus países aliados contra Irak en 1991, seguramente
quedará registrada en la historia como una de las
últimas manifestaciones de una guerra convencional.
Lograda
la derrota de los ejércitos de Saddam Hussein, primó
entre pares el asesoramiento del General Colin Powell sobre
la conveniencia de que las tropas de la coalición
se retiraran del territorio ocupado lo antes posible. En
dicha época el Presidente de los EUA era George H.
W. Bush (1989-1993).
Años
después el hijo del Presidente durante la anterior
contienda, George W. Bush (h), llevó a cabo como
Presidente de los EUA una nueva acción militar contra
Irak con el apoyo del Reino Unido y de un considerablemente
reducido contingente de otros países.
Esta
guerra continúa y ha pasado a ser un punto de inflexión
en la historia militar moderna dando nacimiento así
a la guerra asimétrica, aun cuando ciertos rasgos
formales pretendían disimularlo.
Después
de ocupado el territorio y derrotadas y neutralizadas totalmente
las fuerzas militares convencionales Irakies adictas al
régimen tiránico, por parte de las Fuerzas
Armadas de la coalición, las tropas perdidosas fueron
subrepticiamente y en rápido incremento relevadas
en la acción, por fuerzas irregulares locales apoyadas
por Organizaciones Terroristas Internacionales que cuentan
con un nuevo tipo de arma: “el terrorista suicida”,
símil del kamikaze Japonés de la 2ª Guerra
Mundial.
Estas
organizaciones mantienen en jaque a las Fuerzas Armadas
de los Estados Unidos y sus aliados incomparablemente mejor
equipados, con mayor potencia de fuego, y teóricamente
mayor experiencia en guerras convencionales.
Recordamos
aquí la frase “Con las bayonetas se puede hacer
cualquier cosa menos intentar sentarse sobre ellas”.
Las
Fuerzas Armadas de los Estados Unidos y los pocos contingentes
aliados que aun permanecen a su lado en territorio Iraquí,
están sufriendo un formidable desgaste, un creciente
índice de desaprobación por parte de la opinión
publica en sus respectivos países y en el mundo en
general, y el consecuente desgaste de la imagen de sus máximas
autoridades políticas, con índices de popularidad
en marcado descenso.
Dijimos
“punto de inflexión”; esto significa
un cambio muy profundo de la mayoría de los principios
de la guerra y las doctrinas militares sustentadas por la
mayor parte de los países organizados desde hace
varios siglos, en particular los occidentales.
Estos
cambios nos obligan a la ejecución de un gran esfuerzo
intelectual, de imaginación y creatividad. No debemos
olvidar que el futuro oponente posee conceptos del arte
de la guerra totalmente diferentes a los utilizados tradicionalmente,
en particular por nosotros.
La
misión ya no será exclusivamente derrotar
militarmente a las fuerzas armadas enemigas aniquilándolas,
sometiéndolas, y haciéndole perder su espíritu
de combate, sino el restablecer la paz, el orden público,
los derechos humanos, la salud y la igualdad de oportunidades
y de acceso a la función pública y cargos
electivos de los ciudadanos del territorio en cuestión.
La Guerra como tal ha ampliado sus contenidos y sus alcances
respecto de lo que conocíamos.
La
historia de los últimos siglos no registra muchos
pensadores militares que produjeron en los hechos cambios
importantes en la historia militar.
Mencionamos
en el ámbito de la guerra terrestre a Napoleón
con el empleo de la artillería y formaciones de caballería,
al Mariscal Moltke en la organización de los ejércitos
y del servicio de estado mayor, al Capitán inglés
Liddlle Hart que anticipó el empleo de los blindados
y al General De Gaulle que anticipo los riegos en Marruecos
y antes de seguir la guerra prefirió otorgarle la
independencia a ese país, quizás porque pesaba
sobre su memoria Dien Bien Pu.
Los
Británicos debieron haber sacado mayor experiencia
en Palestina donde las organizaciones Irgun y Stern, de
colonos judíos, los obligaron a retirarse y forzaron
la declaración de la Independencia y creación
del estado de Israel en 1948, con una acción que
hoy se repite diariamente en Irak, como fue la voladura
con explosivos escondidos dentro de tachos de leche en el
hotel King David donde se alojaban los oficiales ingleses.
La
doctrina de inteligencia también necesita ser agiornada;
más importante que la determinación y confrontación
de capacidades entre los contendientes, será determinar,
apriorísticamente, las intenciones y a partir de
allí, precisar cuales serán las acciones hostiles
posibles (A.H.P.)
Los
elementos de reconocimiento y captura de información
terrestres, aéreos y electrónicos de ultima
generación serán poco utilizables, frente
a un oponente que se confunde con el terreno sin red de
enmascaramiento o entre la población civil que lo
protege o tolera, normalmente actuando un largo tiempo como
célula dormida, mientras otros operadores van introduciendo
en la zona elegida la logística y armamento de combate,
hasta que se la “despierta” para ejecutar la
acción preplaneada.
Mao
Tse Tung decía que sus guerrilleros debían
ser “como un pez en el agua”, donde el agua
era la población - posteriormente llamada académicamente
“mimetizacion”.
Por lo tanto el elemento humano volverá a ser la
herramienta básica irremplazable para obtener información.
Ello requerirá de técnicas de infiltración,
conocimiento profundo de otros idiomas y un esfuerzo de
inteligencia a largo plazo en lo que hace a los factores
socio políticos, geopolíticos y de costumbres.
Esta
forma de guerra no es nueva, pero presenta en la actualidad
aspectos novedosos.
Este
tipo de guerras, cuando no están orientadas a obtener
conquistas territoriales o económicas, tales como
zonas petrolíferas, gasiferas o vertientes de agua
potable o semi potable, pueden tener orígenes de
muy diferente naturaleza: insurgencia y desórdenes
civiles, problema de minorías étnicas o religiosas,
desestabilizaciones políticas tales como en Haití,
Chipre, Kozovo, Mozambique y Afganistán.
Normalmente
las operaciones militares que se emprendan serán
el resultado de pedidos de apoyo de Organismos Internacionales
como las Naciones Unidas o las Organizaciones de Estado
Americanos carentes de poder de policía sobre sus
Resoluciones y de Ejércitos, motivando la ejecución
de operaciones combinadas con las fuerzas militares de países
adherentes a las mismas.
Como
en un Juego de Guerra, imaginamos como Organización
Militar post ocupación, una Brigada compuesta por
tres Regimientos a saber:
•
Regimiento “A” , compuesto por un Batallón
Hospital de Campaña y postas sanitarias, un Batallón
de Trasportes de heridos y enfermos (terrestre y aéreo)
y un tercer Batallón de Prevención de Enfermedades
y saneamiento de endemias y epidemias.
• El Regimiento “B”, con un Batallón
de Vialidad, un Batallón de Construcciones y un tercer
Batallón de Reconstrucción de Servicios Públicos,
contando con una Compañía especializada en
obtención y tratamiento de potabilizacion de agua.
•
El Regimiento “C” con un Batallón de
Policía, otro Batallón de Protección
de Instalaciones Vitales y el tercer Batallón de
Mantenimiento del Orden en campos de refugiados, prisioneros
o evacuados.
A
esta organización convendría agregarle una
Compañía de Asuntos civiles y Justicia y otra
Compañía de Comando y Servicios.
Las
nuevas guerras en las que inevitablemente nos veremos obligados
a participar nos alejan de la Guerra de las Galaxias, para
entrar en situaciones de conflictos inéditos a través
de un “Túnel del Tiempo” hacia el pasado.
El
antiguo concepto, cuya autoría se le asigna a Clausewitz,
que dice: “Si quieres la paz prepárate para
la guerra”, adquiere un vigencia inesperada.
Deberán
nuestros mandos, como ha sido siempre su trabajo, prevenir
y comprender estos cambios, que creemos debieron haber tenido
principio de ejecución ayer.
Como
colofón recordamos la sabia frase de Einstein: “LOCURA
es seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes”.
Por
Juan Carlos Cairo y Luis León Saniez.
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