|
Dos
actitudes caracterizan a los empresarios argentinos en los
’90 con respecto a las inversiones en seguridad privada:
la que consideraba positivo hacer inversiones en este campo,
implementando sistemas que cuiden los aspectos físicos
y el personal; y la que los valorizaba como gastos improductivos.
Los
empresarios atentos a los temas de seguridad acudieron al
asesoramiento de los expertos de la época, contratando
auditorias. Estos expertos de la época eran por lo
regular oficiales jefes de las fuerzas armadas y de seguridad
en actividad o recientemente retirados. La década
del 90´ también dio pie a la creación
de carreras de grado y postgrado sobre seguridad pública
y privada tanto en universidades publicas como privadas,
abriendo esta actividad al acceso de múltiples profesionales
de otras carreras que enriquecieron el nivel de preparación
de la sociedad en general.
Unas
ciento cincuenta preguntas guían la auditoria, permitiendo
determinar las vulnerabilidades del objetivo a proteger.
Esta actividad de consultoría es el llamado estudio
de seguridad. Las vulnerabilidades establecidas requieren
ser mitigadas por medio de la planificación de la
seguridad. En un primer escalón de consideración
están: los procedimientos de la firma, la capacitación
de su personal, la conducción de los vigiladores
y el control de los sistemas electrónicos.
Hasta
aquí parecería que los expertos en la actualidad
meramente ejecutan el estudio y el plan. No es así,
en varias etapas de ambos trabajos se debe necesariamente
someter a la definición del empresario los grandes
aspectos de la decisión en materia de seguridad,
ya que al fin y al cabo es quien pagará el proyecto
o sufrirá las consecuencias de no hacerlo. Es necesario
involucrar a los directivos activamente, y para ello se
le debe facilitar el acceso a las opciones mediante un lenguaje
a la vez que técnico, sencillo y accesible.
Llamará
la atención el tema de la capacitación del
personal. Este aspecto es fundamental por cuanto se conocen
planes de seguridad de una reconocida solvencia técnica,
que fracasaron por la falta de cooperación de los
mismos protegidos, quizá por no haber encontrado
la forma de sumarlos activamente al éxito del programa.
El otro motivo de consulta es la capacidad económica
de la empresa para esta implementación. Es conveniente
acordar etapas sucesivas hasta alcanzar la totalidad de
lo dispuesto en el plan de seguridad. Obviamente el esfuerzo
inicial debe ser más importante para alcanzar de
entrada un nivel mínimo de seguridad satisfactoria.
Otro
aspecto que seguramente llamará la atención,
pero que es condicionante del éxito del mencionado
plan, es el contemplar las variadas posturas al respecto
que tienen distintos gremios que conviven dentro de la organización
a proteger. Estas posturas no siempre son legítimas
pero deben ser contempladas atentamente, se propone una
red semántica común que nos permita manejar
las implementaciones de seguridad de aquí en adelante.
Por
esta red semántica se entiende a la totalidad del
colectivo empresario imbuido de la necesidad de impedir
las acciones delictivas contra al funcionamiento de la empresa,
inculcando una conciencia de seguridad y un estado de alerta
permanentes.
Por Juan Carlos
Cairo
|