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Desde la caída del gobierno del Dr. Raúl Alfonsín los partidos políticos argentinos, sin excepción, han entrado en una espiral de aumento del estado de crisis, cuyo resultado se traduce en partidos cada vez más débiles, léase más frágiles caducos e inestables.

En primer lugar el grueso de los ciudadanos pierde interés en la política ya que no ve que de resultas de su ejercicio surja claramente la solución a los problemas cotidianos; no hay gestión ni resultados visibles.
No confía en las cifras de la macroeconomía que manejan los autodefinidos especialistas en macroeconomía, y respecto de las correspondientes a la microeconomía les resultan más creíbles y cercanas a la realidad las del costo de vida o lo que el ama de casa paga en el supermercado.

Pero quizás lo más importante y trascendente, sean las transformaciones y nuevos lazos sociales y su efecto en la política en general y en particular.

Hace ya muchos años, la sociología especificaba como factores de unión entre los diferentes estamentos sociales los sentimientos religiosos ya que todos los evangelios unían a los feligreses sin distinción de clase o de nivel económico.


Los que poseían colecciones de estampillas, o acciones en el mismo banco, a la hora de reclamar eran una clara manifestación de una gran movilidad social. El financista y el obrero reclamaban desde la misma tribuna y con igual énfasis.

El tercer factor lo constituía el arte: un reclamo puede tener el mismo reconocimiento hacia Mozart que hacia un desaliñado roquero.

Estos aglutinantes sociales se mantienen, pero atención que han aparecido otros.

En primer lugar la computadora y su maravillosa posibilidad de navegar en sus redes y comunicarse con todo el mundo. Internet satisface prácticamente casi todas las necesidades básicas de los seres humanos incluido sexo,- y por ahora- excluida la alimentación.

Un chico de un pueblito humilde del Valle Calchaqui se comunica con otro que vive en las Lomas de San Isidro. A esta realidad -no fenómeno-, se le agrega el establecimiento de nuevas redes semánticas comunes a través de un lenguaje propio, abreviado, que hace quienes chatean sean también los iniciados en la secta de la cibernética, en síntesis intercambio de todo tipo de información.

Las clases sociales tradicionales se esfuman y surge una nueva dicotomía de los que entienden el sistema constituyendo una nueva clase, y los nuevos analfabetos funcionales integrantes de la otra clase, en especial los ancianos y un pequeño número de excluidos por diversos motivos.

El otro fenómeno de nivelación social son los deportes, obsérvese en cualquier pueblito de nuestro interior, la cantidad de negocios dedicados a la venta de artículos deportivos con indumentaria y equipos específicos para cada deporte en particular. Quien podía imaginar diez años atrás a ex caddies de golf compitiendo en Europa y los EE.UU, ganando cifras millonarias en dólares y disputando las primeras planas con Tiguer Woods. Ni que hablar de los basquetbolistas de la NBA, ni de los 4 jugadores de tenis dentro de los 10 primeros del ranking internacional.

Agreguemos las movilizaciones masivas para concurrir a partidos de fútbol, rugby, tenis, etc.
Por cierto atraen con creces a mucha mayor cantidad de gente que algunos partidos políticos en semi-extinción, cuyas movilizaciones ademas no ser espontáneas como las anteriores, deben pagar a su concurrencia en forma de alimentos o efectivo.

Esta conducta se repite con los conjuntos musicales que reúnen miles de fans que entran en estado de delirio, trance y exaltación con una vestimenta común ajena a sus orígenes económicos-familiares y sociales.
Estas conductas colectivas son altamente niveladoras sociales y crean lazos en el tejido social de gran resistencia y cohesión.

No niega la racionalización, sino que crea una nueva visión pero con otros valores, usos y costumbres.

Es solidaria y tiene lealtades instintivas con otras expresiones como en el caso de los conjuntos rockeros.

No le interesan los valores religiosos ni confesionales tradicionales como tampoco el matrimonio que se sustituye por la pareja a prueba o definitiva.

Existen muchos más indicadores sociales de esta transformación.

El drama argentino y seguramente el de otros países es que los partidos políticos tradicionales, para los jóvenes, utilizando una expresión común en su nuevo lenguaje “fueron”.

Por lo tanto se ha producido un vacío socio-político que hasta ahora no ha sido cubierto.

El lenguaje, las conductas y las organizaciones de los partidos políticos, no solamente no los atraen, sino que tampoco les interesan.

La mayoría de nuestros políticos no comprenden, ni hacen el esfuerzo de comprender, esta transformación social y de valores. El país caminará por dos rutas, una estrecha sin metas ni objetivos, y otra muy ancha, tumultuosa y desaprensiva pero con gran vitalidad.

El gran dilema pasa por la capacidad de que los interlocutores sociales creíbles acepten y sepan interpretar los cambios, y de alli generen nuevas ideas. Que sean imaginativos y participen o sean la vanguardia de estos cambios, ordenándolos, hacia la nueva sociedad argentina.

Consideramos que aquellos políticos que carentes de imaginación continúen aferrados a las ideologías clásicas de izquierda, centro y derecha, a las demagógicas proclamas populistas y a las políticas hegemónicas, quedaran encerrados en sus pensamientos obsoletos sin sustento social.

Hace pocos días un joven de 25 años, en pareja con su amigovia, nos decía: “abuelos hay que hacer; hacer con el brazo izquierdo lo que sea necesario hacer con ese brazo y lo mismo con el derecho; y el resto de una patada”.

Nos permitimos orientar el remate a estas reflexiones, con un modesto mensaje a nuestros políticos de todas las edades integrantes de todos los partidos tradicionales recordándoles una frase de Albert Einstein “Locura es seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes”


Por los abuelos Luis Leon Saniez y Juan Carlos Cairo

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