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¿Qué es la inteligencia?

Puede darse como definición práctica y general de inteligencia a: “la facultad psíquica de encontrar el modo de resolver los problemas oportunamente”. En este concepto hay un elemento cognoscitivo, otro combinatorio y otro referido al uso restrictivo del tiempo. La solución inteligente es casi instantánea, pero con un respaldo en el conocimiento, que requiere de tiempo.

La inteligencia hace de conocimientos - largamente adquiridos - una resolución eficaz y novedosa. La inteligencia es para afrontar los problemas. Los problemas son dificultades que limitan el ejercicio de la voluntad, y que tienen su origen en la propia persona, en la naturaleza, y en otra u otras personas. Habitualmente los problemas son complejos y en su causalidad involucran, en distinta medida, a estos tres orígenes.

¿Qué es la inteligencia de conflictos?

Cuando en los problemas complejos se comprueba el enfrentamiento de dos o más o voluntades se esta ante un conflicto. En el conflicto para resultar vencedor es condición saber de las propias capacidades, de las del oponente, y del medio en el cual se desarrolla el diferendo. Todo lo anterior puede predicarse de los conflictos interpersonales, de los intergrupales y de los interestatales.

Dice el tratadista de estrategia argentino Guillermo R. Delamer[1] que en el conflicto: “cada actor busca influir, de alguna manera, la mente de su contraparte, tal como mejor convenga a sus intereses y buscará hacerlo mediante variadas opciones. Estas comprenden desde la más suave de la persuasión, pasando por una amplia gama de posibilidades, hasta el extremo opuesto del acto de fuerza, si fracasan todas las demás. Todas estas opciones no serían más que diferentes formas de hacer llegar, a la contraparte, el mensaje propio”.

¿Qué es la inteligencia estratégica?

En el caso del conflicto que tiene por una de las partes a un estado, su estructura de decisión requiere de información certera, evaluada y procesada, a los efectos de realizar sus apreciaciones estratégicas, confeccionar planes, y ordenar a sus áreas operativas. Esta producción de inteligencia es denominada estratégica. El flujo informativo para la resolución estratégica no solamente tiene una formalidad en su factura que la hace corroborable, sino que tiene un tiempo que permite capacidad operativa. Los requisitos de forma y tiempo permiten junto a los substanciales de certeza, novedad y relevancia, hacen que el aparato de inteligencia sea una estructura auxiliar indispensable de la conducción estratégica.

Por estrategia se entiende la conducción de grandes elementos sujetos al gobierno. Cuando se habla de estrategia se refiere siempre a cierta “generalidad”, a cierta integralidad, y a cierta amplitud: lo potente, lo numeroso, lo distante en el tiempo y en el espacio, y lo complejo. Esta altura de comando corresponde al jefe del estado, y por delegación a los principales niveles de decisión civil y militar.

¿Qué es la inteligencia estratégica nacional?

Un criterio distinto y muy atendible es el del teórico de estrategia estadounidense Edward Luttwak[2], que utiliza el término estrategia para todos los puestos de conducción de los conflictos armados (técnico, táctico, operacional, de teatro). En esto Luttwak es innovador, ya que hasta él las jefaturas por debajo de las operacionales eran consideradas tácticas, es decir de cumplimiento de partes del plan general, de ejecución de ordenes.

Es clásica la contraposición entre el nivel táctico y el estratégico, es decir entre el empleo de las armas y la conducción superior de lo planificable. Data de los primeros escritos de la antigüedad la expresión “táctica sublime” en el sentido de estrategia. Napoleón Bonaparte, un conductor eminentemente táctico, aseguraba que todo en la guerra era ejecución.

Esta visión del conflicto desde lo táctico fue sustituida por la ciencia de la guerra, justamente sobre el fin de las guerras napoleónicas, cuando quedó claro que la guerra es mucho más que una suma de batallas, y que las batallas son mucho más que un conjunto de encuentros.

El fundador de la estrategia moderna, el maestro pensador alemán Carl von Clausewitz, en esos tiempos, formuló su teoría de la guerra, vigente hasta la actualidad, con una propuesta a la vez sincrética y original. Clausewitz significa no solamente el inicio sino que también la madurez de la disciplina. Ideas como “punto culminante”, “fricción”, “centro de gravedad”, “genio militar”, “niebla de las batallas”, “impredictivilidad” se deben a su capacidad analítica. La complejidad y la cooperación, dos enfoques teóricos de vanguardia de la actualidad en la disciplina estratégica y en la inteligencia, consecuentemente, están en ciernes dentro de la obra de Clausewitz. Las armas nucleares y la guerra en red permitieron nuevas aplicaciones del pensamiento clausewitziano. El teórico alemán no solamente aportó al pensamiento estratégico, sino que también realizó un aporte determinante a la terminología y las explicaciones fundamentales de la inteligencia estratégica.

La estrategia nacional es el nivel más alto de interpretación de los conflictos que afectan a cada país y aporta tanto al comando de sus fuerzas armadas, como a la conducción del resto de la estructura estatal y el liderazgo de todos los elementos privados y públicos que lo integran.

La inteligencia que alimenta de datos e interpretaciones a ese nivel de conducción nacional, en los países republicanos se divide según la ubicación de los procesos conflictivos que atienden en organismos de inteligencia interior y exterior. Este proceso se encuentra en revisión desde el afloramiento del extremismo islámico, que hace por medio de conductas delictivas daños de escala bélica.

En los EE.UU. desde el lanzamiento de la guerra contra el terror, el sistema de inteligencia está - a la vez - disperso en la orgánica de la administración, pero sometida a una autoridad centralizada bajo directas ordenes del Presidente. Todo documento orientativo del rumbo estratégico en los EE.UU. tiene un párrafo exigiendo la cooperación interagencias. La Unión Europea marcha en este mismo sentido. Esta tendencia institucional es la respuesta occidental a un nuevo desafío en el que la defensa y la seguridad coinciden en medios y objetivos.

El ingreso de información evaluada, analizada, integrada, y debidamente elevada en tiempo y forma le compete a la agencia de inteligencia estratégica nacional, expresada así, de manera genérica, conforme a la disposición de organismos de cada país.

Sin el permanente aporte de inteligencia los planes se desactualizan, y las resoluciones son desacertadas. De la calidad de producción de inteligencia depende el éxito del gobierno frente a los riesgos, las amenazas, y las oportunidades.

La inteligencia estratégica nacional funciona como un proceso continuo que implica cuatro momentos: control de gestión y planificación; reunión de información; evaluación, análisis, e integración; y diseminación.

A su vez son responsabilidades del sistema de inteligencia estratégica nacional, como mínimo: la inteligencia, la contrainteligencia y la contra acción psicológica. Cabe señalarse que la contrainteligencia es un dispositivo destinado a negarle el conocimiento de capacidades propias a otras partes, aliadas, neutrales o enemigas. Por su parte la contra acción psicológica que implementa la agencia de inteligencia, es una práctica destinada a evitar el engaño con el que procura confundir el comando enemigo.

El campo de la inteligencia estratégica nacional no deja nunca de ser cognoscitivo, tanto en las operaciones de reunión de información, las tareas de elaboración y elevación de informes, y las acciones de contrainteligencia y de contra acción psicológica.

Muchos países incluyen otras tareas dentro de las competencias del área de inteligencia, dada su capacidad para operar en escenarios remotos y hostiles, como: apoyo y ejecución de operaciones militares especiales, investigaciones policiales, activismo político, sabotaje, diplomacia clandestina, captación de científicos, y similares. Estas actividades operativas, restringidas o prohibidas en el sistema argentino, acarrean, necesariamente, un deterioro de la capacidad de realización de funciones específicas de inteligencia. Vale el ejemplo de Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial, cuando creó un organismo específico para la realización de operaciones paramilitares en lo profundo del dispositivo nazi fascista.

¿Qué es la inteligencia estratégica nacional argentina?

Según la Ley de Inteligencia Nacional Nº 25.520, el sistema de inteligencia argentino tiene como cabeza al Presidente de la Nación, quien delega en el titular de la Secretaría de Inteligencia, la repartición de mayor jerarquía en la materia dentro del Estado Nacional. Además de los medios propios de reunión de información y elaboración de inteligencia, concurren con su producción dos direcciones nacionales: la Dirección de Inteligencia Estratégica Militar del Ministerio de Defensa y la Dirección de Inteligencia Criminal del Ministerio del Interior.

La primera cuenta con el apoyo de las jefaturas de inteligencia de los estados mayores generales del Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y del Estado Mayor Conjunto. La segunda tiene el respaldo de las investigaciones de las fuerzas nacionales de seguridad: Policía Federal, Gendarmería Nacional, Prefectura Nacional, y Servicio Penitenciario Federal. Esta estructura específica de inteligencia se articula de distintas maneras con el resto de los ministerios nacionales y los gobiernos provinciales. El usuario de este sistema es el Presidente de la Nación, quien, por otra parte, direcciona la información a las áreas públicas que considere conveniente.

La actividad de inteligencia se encuentra legislada y regulada por la mencionada Ley específica y por los regímenes de Defensa Nacional (Ley Nº 23.554) y de Seguridad Interior (Ley Nº 24.059). Además se encuentra bajo el contralor parlamentario, que ejerce la Comisión Bicameral de Fiscalización de los Organismos y Actividades del Congreso de La Nación, cuya principal función es asegurar el requisito de publicidad de los actos de gobierno.

El sistema de inteligencia estratégica nacional argentino intercambia colaboraciones con sus homólogos de otros países de características jurídicas republicanas y democráticas. Asimismo, atendiendo a la necesidad de fortalecer la instalación del sistema de inteligencia dentro de las estructuras institucionales argentinas, la legislación faculta al Secretario de Inteligencia a celebrar convenios con otros organismos.

¿Qué debería ser la inteligencia estratégica nacional argentina?

El mundo ha entrado en un proceso global de conflictos que se conectan de diversa manera, configurando todo un estado polémico generalizado, cuya intensidad tiende a incrementarse. La defensa y la seguridad dependen en forma igualmente creciente de la calidad, precisión y oportunidad, de la producción de inteligencia.

Históricamente, el sistema de inteligencia argentino se ocupaba principalmente de los conflictos internos y de las situaciones de competencia fronterizos, teniendo un despliegue exterior mínimo, con la misión primaria de mantener el enlace con los principales países allegados.

Por las limitaciones presupuestarias del Estado, ampliamente conocidas, este despliegue no puede ser aumentado en la medida de lo requerido, quedando como alternativa una aproximación intelectual por medios de comunicación públicos y el recurso a los trabajos académicos sobre los conflictos que se libran en todo el mundo.

Una crítica liviana que suele hacerse a esto último es que las fuentes públicas no son suficientes para fundar los informes de inteligencia. Aceptando que la explotación de prensa es un remedio que trata de mitigar una vulnerabilidad, hay que reconocer que es mucho más que nada, que es la otra alternativa que se ofrece.

Para poder realizar una explotación de prensa eficaz es imprescindible tener calificado el personal en idiomas, culturas, mentalidades, y novedades que se dan en los países observados. Por las características de la situación mundial esa cobertura del mundo debe ser más precisa, más profunda y más extendida, ya que realmente no se sabe en qué lugar se van a dirimir los intereses argentinos, aún en tiempos inmediatos.

Todo conocimiento de estas realidades es poco, ya que los procesos conflictivos locales se proyectan planetariamente, lo que no excluye a la Argentina. Por otra parte, frecuentemente, la Argentina recibe pedidos de las Naciones Unidas, de la Organización de los Estados Americanos, y de potencias o de alianzas de potencias, a los efectos de participar en tareas de sostenimiento de la democracia o de construcción del orden democrático, misiones complejas con aspectos políticos, diplomáticos y militares.

Estas acciones, frecuentemente militares y siempre de compromiso diplomático, interfieren con poderosos intereses, muchas veces de organizaciones terroristas, que hacen que en forma rápida e imperceptible la Argentina se convierta en blanco de sus acciones.

Complementariamente, cabría fortalecer dentro de la esfera militar las capacidades de reconocimiento, detección, alerta, y guerra electrónica. Estas capacidades en las fuerzas armadas no se encuentran situadas en las orgánicas de inteligencia, sino que - siguiendo una doctrina universal - dependen de las de operaciones.

Sin alterar este criterio de dependencia es importante que su producción pueda ser articulada por medio de las áreas de inteligencia militar con la Secretaría de Inteligencia, a los efectos de poder direccionar las acciones de reunión hacia los entornos políticos e institucionales que causan los comportamientos militares de los países observados.

La relación entre organismos de inteligencia y su mal funcionamiento es un tema histórico y mundial. No existe un sistema nacional conocido en el que esta cooperación funcione en forma satisfactoria. Esta situación de competencia donde debe haber cooperación, muchas veces es incentivada desde el mismo poder político al que obedecen, como una forma de dividir para retener la decisión. Esto debe ser revertido rápidamente en la Argentina, porque el escenario que se está configurando en el mundo exige un estándar de eficiencia que solamente la totalidad del Estado puede asegurar.

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[1] DELAMER, Contraalmirante (r) Guillermo R.: “ESTRATEGIA, PARA LA POLÍTICA, LA EMPRESA Y LA SEGURIDAD”, ANS Global e Instituto de Publicaciones Navales, Centro Naval, Buenos Aires, 2005.

[2] LUTTWAK, Edgard: “ESTRATEGIA, LA LÓGICA DE GUERRA Y PAZ”, Colección Estrategia, Instituto de Publicaciones Navales, Centro Naval, Buenos Aires, 1992 ( de “STRATEGY, THE LOGIC OF WAR AND PEACE”, Harvard University Press, Massachussets).

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