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Imaginar un día con el silencio de los medios: radio,
periódicos, la opacidad de la pantalla de TV o de
la PC o de otros trasuntos de las nuevas tecnologías,
es para la mayor parte de la gente un mal sueño cuando
no una pesadilla. Un día sin energía eléctrica
sumerge al individuo en la soledad y el aislamiento y a
una sociedad en la incomunicación descarnada. Los
medios están allí, ya son certezas cotidianas.
Estas
tecnologías mediáticas inseparables de sus
finalidades a menudo son concebidas en su carácter
instrumental, sin embargo nadie puede negar su influencia
en todos los niveles de decisión y más estrictamente
en la educación permanente, formal e informal del
ciudadano. Bajo la forma de diversión, publicidad
o propaganda irrumpen a cada instante en el escenario consciente
e inconsciente del individuo. Medio y mensaje son anverso
y reverso de una misma moneda
Un
abordaje al tema no puede reducirse a lo político,
stricto sensu, ni limitarse a una mirada sistémica
de la sociedad. Se trata de entender a los medios, como
otro lenguaje, situados en un contexto y con una finalidad
suprema: formar el espíritu crítico y afianzar
valores compartidos y deseados, nada más ni nada
menos que la formación del ciudadano.
Como
todo lenguaje ellos tienen la cualidad de estructurante
y asumen un carácter normativo que excede las funciones
de información coyuntural y de formación de
opinión, en síntesis reitero, se constituyen
en uno de los ejes de la educación formal y permanente.
La
comunicación es una acción encarnada de allí
el ascendiente que adquiere el mensaje cuando proviene de
quienes detentan alguna forma de poder. El funcionario,
el periodista, el empresario, el gremialista, el maestro,
todo aquel que deviene en “hombre público”,
está en la vitrina de su comunidad y en consecuencia
debe asumir su cuota de responsabilidad en el pacto social.
La
pretensión de negar el andamiaje que la cultura ha
construido a través de la historia no ha servido
sino para destruir los puntos de apoyo de la sociedad humana.
El desquicio sólo ha conducido a la arbitrariedad
y a la tiranía como formas de paliar el “desorden”,
cuando cada uno debió haber asumido su compromiso
y responsabilidad con aquello que le fuera conferido en
el orden social y cada institución cumplir con su
cometido.
Los medios están en escena permanente porque SON
LOS AGENTES POR EXCELENCIA DE LA GLOBALIZACIÓN.
No sólo han intercomunicado, sino que han modelado
conciencias, pueblos y apetencias, muchas veces en el marco
de una realidad virtual han creado un universo paralelo,
dejando stand by la realidad doméstica y cotidiana
Sin ellos probablemente la globalización sería
otra cosa.
El
esfuerzo de análisis nos conduce a descomponer en
partes lo que recibimos como un todo y a penetrar en la
esencia de una relación unívoca. Veamos:
La
diversa naturaleza de los medios.
La imagen (TV o Internet), la palabra escuchada (Radio)
o la palabra leída (Periódicos, Revistas,
libros) implican acciones con un grado diferente de compromiso,
tanto del emisor como del receptor. En consecuencia la responsabilidad
es igualmente diferenciada.
La
imagen se impone sin el concurso de la voluntad más
allá de la de presionar una tecla. No requiere mayor
operación inteligible que la recepción de
un estimulo visual que opera directamente sobre el mundo
emocional.
La palabra escuchada exige un mayor esfuerzo del intelecto
aún cuando pasa directamente de lo audible a los
centros de comprensión del lenguaje.
La
palabra leída, con sus variantes, pone en vigencia
todo o casi todo el sistema operativo de la inteligencia.
Todos estos estímulos, visual, auditivo y la combinación
de ambos suponen operaciones de síntesis y esfuerzo
diferentes.
Simplemente
estas reflexiones para poder plantear la complejidad del
tema y cómo todo esto incide en el comportamiento,
reitero, de los futuros ciudadanos, niños, adolescentes
y jóvenes, en el trasfondo humoral, en la impulsividad,
concentración y aprendizaje.
La
naturaleza del receptor y del emisor de los medios.
El
receptor,
El mensaje tanto sea como imagen visual o
acústica raramente es un entretenimiento inocuo.
Aún en ese entre- tener o sea entre tiempo y tiempo
el psiquismo está recibiendo estímulos de
jerarquía considerable y un bombardeo constante cuyos
efectos son variados, según sea la edad y condición
del receptor, despertando sentimientos o sensaciones, movilizando
expectativas, creando ficciones como realidades y muchas
veces provocando acciones reflejas no deseadas.
La
comodidad de recibir el estímulo-imagen se impone
en los niños, en los adolescentes y en los ancianos
que sucumben a la pereza intelectual la que finalmente conduce
a una cierta forma de analfabetismo. También el adulto
en plena etapa productiva, sometido al stress de la rutina,
forma parte de esa masa humana saturada de lo que no comprende
y entregada a “participar” de la emoción
igualitaria abonada por mensajes que no son sino formas
“como sí” de la experiencia. De este
modo el receptor reducido a espectador pasivo en un sillón,
ve pasar la vida de “otros” en la convicción,
desde la impotencia, de que hay otra vida a la que acceder.
El niño entra en la ficción de la que no despierta
a pesar del “game over, game over, game over….”
La realidad y la fantasía se continúan sin
interrupción, tampoco hay genuina intención
de despertar. En tanto el adulto alimenta la desesperanza
y la frustración abrumado por la desinformación,
la mentira y las sinuosas formas del éxito.
El
emisor
Es el término más activo de la relación,
de allí su importancia ya que involucra a la ciudadanía
como masa crítica de tal modo que la prescindencia
de respuesta por parte de ésta es entendida como
tácito consentimiento sustentado en la apatía,
la impotencia o en la falacia de la libertad de expresión.
De esta “presencia ausente” de la sociedad nace
la complicidad con la destrucción persistente de
los valores cimiento de una comunidad más sana y,
lo que es más grave, de la maduración y el
entendimiento esenciales para una ciudadanía crítica.
Tanto
los comunicadores sociales como los actores políticos
conocen el hastío y la saturación del público
receptor, saben que de la espiral de silencio se hace estadística.
Por ello para los mercaderes de la desesperanza ¡cuánto
más importante es el cómo se comunica (lo
gestual, lo corporal, las inflexiones y tonos de voz, la
vestimenta, los ademanes) que el asunto que se trasmite!
(Bástenos observar cuánto ha crecido la necesidad
del creador de imagen entre los políticos, o la difusión
de la oratoria como practica necesaria para todo aquel que
“conduce” gente)
El
como apunta directamente a los sentimientos y a la emoción,
desplazando la comprensión del discurso lógico.
El mensaje(o sea el “que”) es fugaz pero el
impacto en el mundo emocional es duradero y acumulativo.
Los sentimientos emocionales se construyen con huellas o
flashes de esos impactos, por ello es mucho más sencillo
diseñar un comportamiento causa- efecto que una conciencia
autocrítica y reflexiva.
En
una sociedad donde prevalecen las reacciones emocionales
incontroladas, el mensaje negativo detona la agresividad
y nutre la violencia. En una comunidad violenta, sin cauce
ni contención, impera la sospecha entre todos y el
miedo
Bueno
es recordar que EL ODIO NO ES LA OTRA CARA DEL AMOR,
SINO QUE ES PRIMO HERMANO DEL MIEDO.
Cuando los mensajes promueven lo emocional e impera, por
vía de la violencia y el miedo, el sin sentido, se
hace difícil construir cualquier proyecto que comprometa
responsablemente al ciudadano
LOS
MEDIOS Y LOS MENSAJEROS PUEDEN HACER MUCHO EN UNO U OTRO
SENTIDO.
por
Martha Zarif
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