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Ponencia presentada en el Seminario “Desafíos de la Inteligencia Estratégica En América del Sur”, organizado por el Centro de Estudios Estratégicos de la Armada Argentina en la sede de la Universidad Católica Argentina, Junio del 2005

Cara a las evidencias, pareciera ser que estamos ante un cambio de paradigma . Si la crisis del año 30, cambió los hábitos de vida, el terror obligó a mirar el mundo de otra manera. La globalización, fundamentalmente de la economía y la información, ha convocado en primera instancia, una audiencia fascinada por el poder que da “saber” qué está pasando, al momento que está ocurriendo. Sin embargo el espectáculo del día a día, confrontando lo virtual con lo real, aún con la manipulación en algunos casos y la censura en otros, genera verdaderas mareas de descontentos, incredulidades y desconfianzas.

Quienes deben conducir los destinos colectivos, son sospechados y medidos en la acción cotidiana. Y el sitial reservado para las instituciones, columnas de lo permanente, de los valores, las tradiciones y los símbolos de la comunidad; es el banquillo de acusados.

Al someter: a juicio lo permanente, porque ante el mañana incierto se vive al día, a revisión los valores, por no ser funcionales al presente, al vilipendio tradiciones y símbolos, que se reeditan acorde a la conveniencia del momento; despojamos al ciudadano de las mínimas certezas estructurales.

Estamos ante una claudicación de la autoridad en todas las esferas de la vida comunitaria, desde los grupos primarios a los secundarios de la sociedad. La des-responsabilización y el des-compromiso son las actitudes corrientes del ciudadano en cada ámbito de su acción y en cada función de su competencia.

Desde este enfoque se desprende LA HIPÓTESIS CENTRAL DE ESTE TRABAJO:
La ruptura de la representatividad en todos los ámbitos y la des-estructuración de las instituciones, generan un nuevo orden social y una diferente concepción de gobernabilidad.

El abordaje fenomenológico es una metodología de análisis que permite, con el mínimo componente subjetivo, poner de relieve los factores que sintetizan la percepción del ciudadano. Para el que lo medular es entender: la cada vez más difícil articulación de lo individual y lo colectivo, de los intereses sectoriales y el bien común.

Aparecen como ejes centrales de análisis al menos tres áreas de observación: Los grupos marginales, la conducción gubernamental y el comportamiento de la ciudadanía.
La inocuidad de los marginales, el reaseguro del control gubernamental y la “espiral de silencio” de la sociedad se están transformando aceleradamente.

A- La fuerza hegemónica de los grupos marginales.

El carácter de “marginal” debe al devenir histórico, su relativismo conceptual. Por lo tanto, la marginalidad es una posición circunstancial, que en occidente a partir de la Revolución Industrial, sea cual fuere la lectura ideológica, tiene como referentes la clase social y el estrato económico. Variables a las que hoy, consecuentemente, se suman otras como, creencias, religión, etnias, nacionalidades, y aún algunas más particulares, vinculadas a estilos de vida.

En el vertiginoso proceso de globalización, como ha referido Jonathan Friedman “lo que no está ocurriendo es que las fronteras estén desapareciendo, antes bien parecieran levantarse en cada esquina, de cada barrio en decadencia de nuestro mundo” generando grupos marginales de diversa filiación y origen”. A esto nosotros agregamos que igualmente vertiginoso y directamente proporcional es el efecto de fragmentación.
La marginalidad es analizada desde una perspectiva diferente a la de un pasado muy próximo, hoy se inscribe en un discurso cuyas palabras claves son: “intolerancia”, “xenofobia”, “discriminación” y “derechos humanos”. Esta referencia semántica no es menor, porque se trata de una configuración compleja entre lo “marginal” situado en el presente, la decodificación de sus propuestas y escenarios alternativos, el protagonismo de estos agentes sociales y la actitud de toda la comunidad frente a ello.
Ser o estar al margen, supone un espacio en el que no se está o no se es.

La masa central de la población, ubicada en la Curva de Gauss alrededor de la media estadística, es en realidad, por vías del consenso, el área de la que surgen las diferentes formas de representatividad: políticas, sociales, culturales etc. Sin embargo, hoy es indiscutible la relevancia de los espacios marginales, que con metodologías propias, fuerzan el reordenamiento de las prioridades dentro del proyecto colectivo.

La eficiencia de lo marginal nace de la ruptura de la representatividad, que ilegitima la relación entre el ciudadano y sus instituciones.
Es cierto que la economía y la información globalizadas han incidido en algunas formas de marginalidad, no menos cierto es el carácter epifenoménico de lo económico frente a las raíces culturales de lo marginal.

“Una de las principales causas de intensificación del racismo en Europa y de la creciente animosidad hacia los extranjeros es la velocidad de la evolución cultural, la aceleración conque cambian las formas de vida, los planteamientos políticos, la imagen del adversario y los paradigmas. La realidad es menos previsible que nunca. Para orientarnos necesitamos un punto de referencia. Si no logramos orientarnos sentimos miedo. A esto se suma una dramática transformación económica y un cambio en nuestra comprensión del trabajo.”

En todas las culturas hay indicadores de xenofobia, de racismo y discriminación cuya automática consecuencia es la marginalidad, pero las reacciones sectarias se agudizan ante el temor de una cultura única en detrimento de las singularidades.

El respeto por las culturas particulares es tan importante como la capacidad de adaptación a las nuevas tecnologías. En un debate académico llevado a cabo en Harvard, Samuel Huntington dijo: “es la cultura y sus valores, más que la política lo que determina el progreso de las naciones y de los seres humanos en general.” y agrega “no sólo la cultura juega en favor del progreso, sino que, con una acertada acción social se puede acelerar el avance sin producir experiencias dramáticas.”

Los grupos marginales en la sociedad de hoy se constituyen en subculturas que imponen su presencia al conjunto de la comunidad, y a su arbitrio sometemos nuestras vidas cotidianas, nuestra seguridad, nuestro patrimonio.

En diferentes planos y efectos, el piquete, como metodología social, el atentado terrorista, como estrategia bélica, el tráfico de la moral, como hábito político y la ubicuidad del delito, como sistema de justicia, son formas de degradación y ruptura axiológicas que conducen indefectiblemente a cambios sociales.

Estas metodologías no son autóctonas ni novedosas, lo nuevo, o como acotaría la historia, lo renovado es su poder hegemónico que obliga a re-conceptuar la curva de Gauss, a redefinir con otra lógica la periferia y el centro, a convocar bizarras formas de representatividad y poder.

El hábito mundializado de someter a plebiscito o referéndum la voluntad ciudadana es concretamente poner de manifiesto la duda acerca de la legitimidad de los representantes, la inutilidad del mandato en ellos depositado y por que no decirlo, la convicción de que la percepción colectiva es frágil y se puede inducir por medios diversos.

Las desigualdades, la pobreza extrema, el cercenamiento de la identidad de parte o comunidades enteras son condiciones más que suficientes para encontrar explicación a los comportamientos irracionales sean individuales o colectivos, pero es en la acción de gobierno donde se debe encontrar la racionalidad ordenadora.

Lo marginal se fortalece frente a formas de existencia impuestas, por un sistema injusto, por la carencia de representatividad institucional y cobra una fuerza hegemónica abonando su condición de “victima “con la culpa social e histórica.


B- La gobernabilidad cimentada en los grupos marginales.

En este escenario, en el que se consolidan los grupos marginales, se debilita la representatividad y se atomizan los intereses frente al interés común es que pretendemos instaurar una forma democrática de vida.

Cuando todo proceso democrático se caracteriza porque las decisiones políticas se adoptan atendiendo a las inquietudes y necesidades de los ciudadanos y se ajustan al interés general, nos encontramos con artilugios conceptuales que nos apartan de la res- pública y fragmentan la comunidad. La celebre afirmación de Lincoln acerca de que la democracia es el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo, no tenía intención demagógica, sino la de reafirmar la idea de gobernar para el interés común.

“En este sentido la captura del proceso político por parte de grupos o sectores sociales que orienta las decisiones en beneficio de intereses particulares- en detrimento del interés general- es un síntoma evidente de malestar democrático.”

Esta captura del proceso político -dicen Barreda y Costafreda- “opera en dos planos: uno es, la formulación e implementación de las políticas públicas, tratando de lograr políticas y decisiones que favorezcan a sectores”, (los autores, señalan el indicador de favoritismo en decisiones oficiales presentado en el Foro Económico Mundial) y”otro plano es la configuración de las instituciones políticas formales e informales al servicio de intereses particulares o sectarios.”

Consecuencia directa de esto es el clientelismo que anula las relaciones de igualdad y horizontalidad, el sentimiento solidario y cooperativo dando lugar a lo que llamamos el Trafico de la Moral.

El estudio de Barreda y Costafreda dice que “La raíz del clientelismo radica fundamentalmente en una cultura patrimonialista de la política y el poder, de larga tradición en América Latina, según la cual se concibe la política como una extensión del espacio privado que permite satisfacer intereses particulares. Caracteriza al clientelismo la distribución de bienes y servicios para individuos y grupos singulares, al margen de criterios generalistas de las políticas públicas y en la medida que articula lazos muy verticales entre patrón y cliente, bloquea el establecimiento de relaciones horizontales y de cooperación, inhibe la acción colectiva y la movilización de éstos en defensa de sus intereses, manteniendo la relación política desigualitaria y consecuentemente la hegemonía del poder.

El presidencialismo, en Latinoamérica en especial, promueve la necesidad de un conductor de personalidad relevante, por lo que el liderazgo presidencial concentra enorme importancia.

George B. Weber, en relación al liderazgo presidencial dice que “debe ser capaz de considerar a la vez lo inmediato y lo de largo plazo en lo que se refiere a visión, objetivos y toma de decisiones y de ponderar el asunto circunstancial inmediato frente a la visión holística y la tendencia de las cosas… tiene que ser capaz de reconocer y buscar el equilibrio en sus esfuerzos y en los esfuerzos de los demás, lo agresivo y lo aceptable, el momento de avanzar y el momento de mantener la posición, y el mejor modo de conseguir resultados a corto plazo sin comprometer los objetivos y valores de largo plazo.”

Sin embargo hoy el liderazgo político, es un liderazgo fungible, resultante virtual de los medios y de las estadísticas ad hoc. Es conducción de la inmediatez mas que gestión y mediación entre el imaginario colectivo, la contingencia y el proyecto que justifica el esfuerzo del conjunto de la sociedad.

En rigor de verdad visto de manera abstracta e histórica, el liderazgo nace cuando alguien encabeza una tarea de salvación urgente. Antes de la llegada de los medios masivos de comunicación, Churchill, De Gaulle, Walesa, Havel, Adenauer y Mitterrand, fueron los últimos líderes clásicos. Se puede discrepar sobre sus méritos o acerca de sus convicciones democráticas, pero nadie se atrevería a negar el componente personal carismático.

Hay media biblioteca de bibliografía acerca del perfil del líder, pero una ajustada síntesis sería que, a una personalidad en el que convergen distancia y presencia, cualidades y defectos, virtudes y vicios, grandezas y pequeñeces, palabra y silencio, debe sumarse una voluntad primordial, una fuerza interior que, finalmente, se expresa como una convocatoria.

El poderío mediático nos vende imágenes y universos, nos puede imponer un liderazgo. Señala Gianni Vattimo, "nuestro mundo real es al que accedemos a través de los medios, que son agencias interpretativas, ante las que hoy todos, no sólo los intelectuales, también los no ingenuos, saben que -la TV miente-, que aproximadamente, para entender lo que acontece hay que leer más de un periódico o recurrir a más fuentes".

Pero la dimensión mediática no sustituye la política. Un liderazgo mediático tampoco sustituye la acción de gobierno. El mensaje efímero sólo se vuelve eficaz, si ha de serlo, en el entramado institucional. La intencionalidad del discurso público denota sus objetivos.

La necesidad de trascender se expresa en la vocación histórica del hombre. La del líder político debe incluir una forma singular de egoísmo: la grandeza para conducir en orden la interacción compleja de la sociedad, acosada por factores desintegradores.

C- Reacción de la sociedad en general

Con la fractura institucional, el relativismo axiológico, la aparición de nuevos hábitos culturales y las inéditas formas de relaciones sociales, el ciudadano ha perdido la base de sustentación que, algo más que una necesidad actual y presente de seguridad, es la imposibilidad de proyecto alguno, sea personal o colectivo.

El individuo acosado, reacciona con sentimientos primarios: miedo y culpa. Ambos complican la convivencia generando comportamientos irracionales El miedo como sentimiento de auto defensa, común con el comportamiento animal, impulsa la acción involuntaria e irreflexiva. El miedo-odio, dos caras de una misma moneda han sido simiente de no pocas épocas trágicas de la historia. La irracionalidad no da lugar a ningún camino de diálogo. Por lo tanto la comunicación es comportamental, estímulo- reacción, reacción- estímulo.

Habermas explica porqué en las sociedades democráticas, como consecuencia de la acción comunicativa, no estalla la violencia.

“La práctica de nuestra vida colectiva descansa en un sólido pedestal de convicciones de trasfondo comunes, de supuestos culturales ya admitidos y de expectativas recíprocas. La coordinación de la acción fluye a través de juegos de lenguaje habituales, a través de pretensiones de validez formuladas mutuamente y aceptadas, al menos implícitamente, en el espacio público de las razones. Pero si la adopción mutua de perspectivas no se puede lograr por alguna razón hablante u oyente se vuelven mutuamente ajenos e indiferentes a la redención de sus pretensiones. Este es el comienzo de una perturbación en la comunicación, una incomprensión o un engaño de lo cual la versión más extrema es el terrorismo.”

Este pensador sostiene que el terror es una patología comunicativa que se alimenta de su propio impulso destructivo. “La espiral de violencia comienza con una espiral de comunicación perturbada que- a través de la desconfianza recíproca no dominada- conduce a la interrupción de la comunicación racional.”

La eficiencia del miedo y el odio es tan fuerte como el sentimiento de haber hecho lo indebido. El arrepentimiento tiene un valor en la esfera personal como en la esfera social. Freud dice en uno de sus escritos “que el hombre normal no es solamente mucho más inmoral de lo que él cree, sino también mucho más moral de lo que él sabe”…. en otro trabajo “El Malestar en la Cultura” explica la génesis del sentimiento de culpabilidad, a partir de dos fuentes: de la angustia originaria ante la autoridad y de la angustia posterior ante la instancia psíquica depositaria de las prohibiciones y las pautas morales, el Super Yo.

Sin embargo, el mundo actual ha relativizado las prohibiciones y las pautas morales, con lo cual sólo nos restaría la angustia frente a la autoridad. Y aquí cabe la pregunta ¿”Cuál autoridad”?

En otro contexto, no freudiano, la antropología existencial dice que la culpa no sólo es deuda con el pasado sino con el futuro, es compromiso y responsabilidad con el por-venir, con el pro-yecto, con nuestra pro-genie.

Entender la culpa como deuda es limitar el quehacer del individuo a rendir cuentas y a saldarlas. Dicho de otra manera es presentizar constantemente el pasado e hipotecar irremediablemente el proyecto futuro. Esto es condenar al ciudadano a la lucha exclusiva por la supervivencia, a la aventura por subsistir.

Una sociedad sin proyecto que trascienda lo estrictamente presente es presa fácil de las propuestas utópicas o de soluciones apocalípticas.

La visión estrecha y antojadiza de “los derechos humanos”, que alientan la hegemonía de los grupos marginales, la gobernabilidad insustancial y alternante, como así también la irracionalidad y deses peración de la ciudadanía, se ha constituido en el instrumento por excelencia para dinamizar insospechados cambios sociales que desde la arbitrariedad sectorial sacuden a toda una comunidad y amenazan con instalar un nuevo orden de características imprevisibles.

* Ponente Martha Zarif CEHAT (Centro de Estudios Hemisféricos Alexis de Tocqueville).


** El tema del año 2005 es INCIDENCIA PARTICULAR DE LAS DENOMINADAS AMENAZAS Ó AMENAZAS ASIMÉTRICAS, EN PARTICULAR LAS DE CARACTER GLOBAL Y TRANSNACIONAL, EN LA SEGURIDAD DE LOS PAISES SUDAMERICANOS”. La presente ponencia fue presentada en el módulo II :CARACTERIZACIÓN DE LAS AMENAZAS Y RIESGOS ASIMÉTRICOS O NO TRADICIONALES, el Martes 14 de Junio.

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