| El
análisis político se parece cada vez más
a la crítica de arte, deviene como ésta en
una nueva creación o en una recreación de
su objeto.
Afortunadamente
la realidad es más rica que las construcciones de
la fantasía, y así como el artista y su arte
aún puede sorprender con una inspiración casi
divina, la política y sus actores pueden escapar
a las predicciones, a veces reconfortantes, de la fatalidad
y la resignación del eterno retorno.
Lejos
de lo absoluto de las premoniciones, la libertad es simiente
de aires nuevos, tanto como la intuición del artista
lo es de una inesperada creación.
La
verdad del hecho artístico no es materia de discusión,
surge del barro fértil de la imaginación abonada
por la realidad.
La
libertad genuina tampoco es materia de discusión,
es libertad de algo a lo que se está esclavizado
para algo que se quiere alcanzar, por eso es situada y no
absoluta. ¿Puede el análisis político,
predecir el comportamiento de qué es lo que esclaviza
y qué quiere alcanzar una sociedad fragmentada, atomizada
bajo el único factor homogéneo: el liderazgo
de la rutina, el como sí y la mentira?
Plagada
está la historia de augures equivocados y de teóricos
desandados, ¿o acaso la Revolución Rusa no
debió haberse producido en Alemania? ¿Puede
el análisis político presuponer una cronología
y tiempos por los que se espera la maduración de
un liderazgo? Justamente ahora en que los liderazgos son
coyunturales para situaciones contingentes……cuando
el ciudadano, entre indiferencia y opaco interés,
observa que de cada paso, encuentro, decisión o medida
depende el día siguiente de su existencia……
Distinto
es decir que hay factores que fuerzan una contingencia histórica,
que aunque estragados vamos a hacer de cuenta que tenemos
partidos políticos, que hay liderazgos claros emanados
del poder de demoler al otro, que; least but not last, hay
un cierto juego democrático y una cierta vigencia
republicana. Admitamos; si cabe con humildad; que se nos
han acabado las palabras para el mundo que se abre, que
todo análisis hoy padece del anacronismo teórico
de los siglos XIX y XX y démonos la posibilidad de
lo imponderable.
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