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El
Piquete, Los Piqueteros y las Variaciones sobre el mismo
tema
El
tema renovado cobra vigencia, no tanto porque reedita sus
causales de origen como por el hecho de que evidencia una
realidad paralela a la de las formas que asume la democracia
representativa. Y estos grupos, ahora de muy diversa filiación
y naturaleza, son una suerte de estallido dentro del status
quo.
Sea
cual fuere su denominación, acordemos al menos un
punto: se trata de un sustantivo colectivo, por cuando el
piquetero no existe como sujeto individual, salvo cuando
se lo priva de la vida o de la libertad, donde pasa a ser
un símbolo colectivo.
La
comprensión de este nuevo interlocutor social exige
un acercamiento a su naturaleza y al conflicto subyacente.
Hoy el piquete, devino en una forma de presencia y participación
de la ciudadanía que excede los objetivos de origen,
que se asociaban a un sector social y a una problemática
circunscripta al empleo y el desempleo, al menos en forma
manifiesta. Todo grupo que se pueda organizar aún
precariamente, está en condiciones de “hacer
un piquete” reclamar, impugnar, exigir, descalificar
o apoyar a algo o alguien.
La
dinámica de la relación individuo - comunidad,
siempre se ha expresado bajo diferentes formas de organización,
desde la tribal hasta la sociedad globalizada e intercomunicada.
Y es esta dinámica la que pone en evidencia una estructura
permanente en la que se correlaciona lo biológico,
lo psíquico y lo social. Es esta estructura la que
jerarquiza las necesidades desde las más primarias
a las más elaboradas.
Esta
constante nos remite a la conservación y protección
de la vida, a la individuación armónica y
a la organización capaz de equilibrar el conflicto
individual y el comunitario en un orden más o menos
estable.
Desde la aparición del género humano sobre
el planeta se manifiesta la permanente búsqueda del
hombre por lograr un equilibrio entre sus necesidades básicas
y las respuestas a ellas que el orden establecido le propone.
Los
cambios sociales, son en cierta medida una forma de negociación
con el conflicto y dan lugar a una nueva organización,
cuya vigencia dependerá de las soluciones de equilibrio
que proponga para resolver el conflicto epifenoménico.
El
fracaso de una organización, implica que el grupo
humano regrese a estadíos anteriores más conocidos
y confiables. Este retorno a formas pasadas no necesariamente
se explica por la búsqueda del Placer, sino muchas
veces en la evitación del Displacer. Los individuos
se asocian para paliar aquello que corroe la convivencia
pactada. Entre Eros y Tánatos se establece un nuevo
escenario de realidad en el que están presentes tanto
la pulsión de Vida como la de Muerte. Pueblos enteros
en el planeta transitan su existencia en el frágil
borde entre la vida y la muerte es decir, en situaciones
límite con reglas afines a ellas.
Es
entonces cuando sólo rigen los valores preventivos
y de supervivencia de esa estructura básica.
Este
juego pendular entre el orden, inherente a la organización,
y el conflicto como dinámica natural de cambio no
es sino la reedición de la dialéctica profunda
del individuo entre sus involuntarias pulsiones biológicas
y la construcción que lo ordena a destinos superiores
de la especie.
La
crisis actual de la organización social, política
y económica, que aunque también acontece en
otras partes del mundo vamos a ajustar a nuestro país,
evidencia día a día las insatisfacciones en
cuanto a las necesidades de supervivencia, y su más
grave consecuencia; la ausencia de condiciones mínimas
que sustenten al individuo en un proyecto personal de vida.
No hay Instituciones, ni practicas tradicionales que ofrezcan
al ciudadano la garantía de que sus representantes
en la organización lo son genuinamente, ni que su
participación en el sistema electoralista tiene algún
sentido o garantía futura. En la política
doméstica, el episodio Patti y su exclusión
parlamentaria, en donde más allá de sus méritos
o deméritos, de un plumazo se descalifica no sólo
a 400.000 ciudadanos sino a la Justicia Electoral previa
al acto eleccionario que lo habilitara a los efectos, alientan
la desconfianza en las instituciones involucradas. En otro
orden de cosas y para sumar desesperanza baste mirar la
discriminación abierta a los jubilados y pensionados
que confiaron en el sistema previsional con sus aportes
a cuenta de “sueldos” futuros y que arroja por
la borda lo que se pretende y entiende como una nueva “cultura
tributaria”. Ante este espectáculo de justicia
tributaria, puede alguien creer que no se está sembrando
la evasión, la infracción, y el “anonimato
laboral”?
La
esperanza confiada por la que el hombre puede planificar
su futuro inmediato, es sustituida por formas de participación
que van desde el repliegue resignado a las formas de violencia
y descontrol.
El
Piquetero es un producto de la” démocratie
de la solitude”, es un producto del sistema que le
cercena su existencia en los valores más esenciales
y estructurantes de la misma, dicho de otro modo, lo mutila
en su participación, en el hacer su propia historia
y la de su país. Cuando la perspectiva futura carece
de una propuesta de seguridad y el pasado es un referente
de diferentes signos, entonces queda el presente como contingencia.
Y
es en el dominio de lo contingente donde se gestan los comportamientos
en apariencia incomprensibles. En la contingencia emergen
nuevas formas gregarias, asociaciones más o menos
precarias en las que se concentran individuos que comparten
situaciones límite y solidaridades diversas. Tal
es la situación en la que desaparecen prácticamente
las motivaciones personales, para dar lugar a una cohesión
singular.
Las
motivaciones personales en un sujeto libre encajan en una
escala de prioridades que le permiten una cierta selectividad
en tanto que el individuo dominado por la necesidad es arrastrado
por la misma y es sujeto colectivo, en consecuencia objeto
condicionado y condicionable.
por
Martha Zarif
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