La Teoría del Bulón y la Industria Naval


por
Vicente Palumbo

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Cuando uno no sabe leer bien la realidad y definir claramente sus objetivos en función de la misma, debe necesariamente replantear su estrategia que significa, ni más ni menos, ser conciente de las capacidades y limitaciones de los recursos que posee (léase: capital humano, material y financiero). También debe “jugar” con las variables estratégicas del espacio y del tiempo, aplicando reglas de juego lógicas de manera que le permitan canalizar todas las energías hacia el fin que se ha propuesto. Hacerlo de otra forma, significaría quedar atrapado en un torbellino de acciones sin sentido, que lo van a ir sumergiendo paradójicamente en la inacción.

Un paradigma que sirve para ilustrar lo expresado, es el que he dado en llamar la “Teoría del Bulón”, que paso seguidamente a explicar: si uno tiene que abulonar una planchuela, debe tener definido previamente los “que”, “cuando” y “como” va a hacerlo. Se trata de un plan simple que sirve para resolver cualquier tipo de problema práctico. Este proceso debe ser además integral. No se trata de manejar individualmente cada componente por separado, el tornillo y su tuerca debe ser compatibles en su rosca común, en sus dimensiones y en su material de construcción. Pero también se necesitará simultáneamente verificar que herramientas serán necesarias para su manipulación. De no tenerse en cuenta estas reglas por demás simples y racionales, se corre el riesgo cierto de interrumpir todo el proceso de la producción.

Casualmente, esto es precisamente lo que no está ocurriendo en el campo de la industria naval. Pese a la inobjetable voluntad que ha puesto de manifiesto el gobierno por recrear a esta industria, no logra los resultados esperados que motoricen una verdadera recuperación de la actividad en el sector.

Se han venido proponiendo soluciones aisladas que no toman en cuenta el problema de manera integral. Por ejemplo: distintos actores de la actividad le han propuesto al gobierno un modelo de financiamiento basado en el “leasing” naval como una medida básica de reactivación, para que los armadores pudieran acceder a nuevas unidades, con efectos sustentables sobre la matriz de costo de sus empresas.

Ello no fue suficiente, puesto que no se podían financiar las construcciones por falta de capitales de producción. Entonces se normaron condiciones de prefinanciamiento, que tampoco resolvían el problema integralmente. No resultó dado el estado fiscal en que habían quedado las empresas después de la década pasada, que no les había permitido acceder a este financiamiento. Se creó entonces un régimen para que las empresas pudieran sanear su estatus fiscal.

Tampoco alcanzó, porque el estado del equipamiento que tenían los astilleros y fabricas navales no les permitía producir de acuerdo a los estándares internacionales y, por lo tanto, los tiempos que demandaba una construcción nueva estaban totalmente fuera de escala en este mercado, haciendo la amortización de esta inversión muy pesada.

Sobre estos temas existen iniciativas en el Congreso, que seguramente van a contribuir muy favorablemente al proceso de recuperación pero, una vez más, atenderán sólo a una parte del problema, tal vez al más importante. Pero, la verdad sea dicha, si antes no definimos entre todos los sectores del quehacer marítimo cual es la realidad del escenario actual, cuales son nuestras capacidades y limitaciones, humanas, materiales y financieras y definimos – insistimos, entre todos – los objetivos que podríamos efectivamente llegar a alcanzar, determinando los “que”, “cuando” y los “como”, nunca lograremos desarrollar un sistema sustentable en el tiempo.

Podríamos seguir por este camino de aproximaciones sucesivas, con las consabidas improntas aisladas y / o improvisadas, que atiendan a resolver de a un problema por vez. Esa no es la forma más inteligente de trabajar. De seguir haciéndolo así sobrevendrán, inevitablemente, nuevas frustraciones a las ya tantas veces experimentadas.

La manera de hacerlo racionalmente sería generando un plan regulador que contemple el estado actual de la capacidad productiva, financiera, tecnológica, los recursos humanos, en relación con las necesidades de los distintos segmentos del mercado, a saber: pesca, fluvial, cabotaje, públicos, policiales y militares, con la finalidad de contribuir a crear un modelo que, apoyándose en la “Teoría del Bulón”, resguarde los intereses argentinos en el Mar, con un concepto totalmente global en su diseño e implementación.

Creo además fervientemente, que este esquema es perfectamente trasladable al resto de la industria en general, que le permitirá consolidar el bienestar general y la defensa de los intereses nacionales de todos los argentinos.

por Vicente Palumbo

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